ENTRE CAOS, CALLES, AMORES Y POCA VIDA

ENTRE CAOS, CALLES, AMORES Y POCA VIDA

Por Anthony Pulgarín @anthopulgarin

El egoísmo, el afán exagerado, la necesidad de escapar y de cambiar el ritmo de los días sin encontrar salida es, en gran medida, la vida de los seres humanos en una gran ciudad, esa que todos los días lo mata a uno un poco, que le aniquila las ganas de vivir y le cierra las puertas para que jamás pueda huir.  Sin embargo, una y otra vez, volveré a Nueva York…

Les hablo de Espiral, la más reciente novela de Harold Trompetero –escritor, director, productor, guionista y libretista de cine colombiano–, editada por Calixta Editores. Películas como Diástole y Sístole (1999), Los Oriyinales (2016), Nadie sabe para quién trabaja (2017), entre otras, componen su basta filmografía.

En esta historia nos cuenta la vida de un emigrante muy particular. El sueño americano, para la mayoría, se trata de huir de una vida “común” para alcanzar otra mejor; sin embargo, para nuestro protagonista, que lo tiene todo, se trata de escapar de la imperiosa necesidad de perder lo que lo mantiene tan apegado a la pesadilla en Nueva York, una ciudad que cada vez le queda más chica –o más grande–, entonces, idea mil formas para salir corriendo y casi siempre fracasa en el intento.

Nuestro hombre es un abogado prestigioso, trabaja para una multinacional y tiene un caso en Estambul que le dejará unos cuantos miles de dólares más en el banco; tiene una cuenta bancaria con tantos dígitos que podría retirarse hoy, viajar a una isla virgen y deshabitada y ver pasar lo que le queda de vida allí.

Entre destellos de brillantez, una capacidad particular de crear y ver el mundo, Trompetero nos regala un personaje que piensa en el ritmo de sus pulsaciones, el origen de sus pensamientos, que se ahoga en su propia realidad, que debería sumergirse en el mar, aguantar la respiración, cerrar los ojos, poner tanta resistencia como sea posible hasta que en sus pulmones no quede nada de aire y, así, recordar que todavía hay algo de vida en ese saco de huesos con el que transita por el mundo.

Conoce el amor y lo conoce tan bien que lo convierte en un simple retazo de su propia humanidad, una especie de ente marchito que solo tiene amor para su gata y una planta que lo ve con malos ojos cada que se atreve a embarcarse en una incursión amorosa. Rusalka, la gata, le da el amor suficiente para mantenerlo con vida, un motivo para luchar contra el fango que lo ahoga cada día.

En esa ciudad de olor a suciedad, excesos, gente desdichada, personas sumergidas en su propio espacio temporal, rascacielos donde las ideas se suicidan todos los días, una ciudad que nunca para, no duerme y apagarla es imposible, él pervive y sobrevive con un aire a Travis Bickle, protagonista de Taxi Driver, donde Robert de Niro entrega una de las mejores actuaciones en la historia del cine; y ahora, Harold, con Espiral, escribe a uno de los mejores personajes que leí en mucho tiempo. Los dos comparten ciudad, asfalto, ganas de cambiar las cosas, ser mejores personas, con la consciencia de que una acción minúscula que puedan llevar a cabo no cesará con la realidad que come gente, sueños, dólares, polvos y desgracias.

Este tipo es un fanático del arte, del buen comer, activo a nivel social, exitoso y que no se permite estar solo, maquina discursos extraños, políticamente incorrectos, salidas fáciles y sexo sin amor. Un buen día conoce una mujer que, al igual que él, pasea un gato con correa de perro. ¿Quién se entrega a una actividad tan extraña? Dos personas en Nueva York a medianoche, lo que es motivo suficiente para querer una vida juntos, una donde el tedio no exista y Dios les tenga envidia por ese amor que nace en un paseo atípico en la capital del mundo. Una donde los gatos se sienten como perros y muevan la cola a ritmo de jazz.

Viaja a Londres, al menos una vez al mes, a visitar un amigo y lo hace no tanto para estar con él, pues no disfruta tanto de su compañía; sino para salir de su casa, de la ciudad, dormir en un sofá un par de noches y regresar para seguir imaginando un plan de escape perfecto.

Nosotros estamos muriendo todo el tiempo, unos se niegan la idea, otros pensamos siempre en ella, en una ciudad como Nueva York, que todo lo ve, lo escucha, que nunca duerme, de la que es casi imposible salir, cada uno, a la final, se convierte en adicto de lo que allí encuentra, es preciosa para este cometido. En esta historia es la protagonista, está  la mayor parte del tiempo tranquila, silenciosa pero siempre poderosa, es la que brinda todas las  herramientas para que nuestro futuro cada vez esté más lejos de estar bien, con la suerte en contra y un amor que te quema por dentro.

Espiral es una historia fascinante, contada con los detalles que Harold toma prestados del cine, de su cinefilia –la cantidad de películas que tiene en su cabeza–, la idea de organizar todo de manera que el lector se embarque en un viaje por Harlem, Brooklyn, Central Park, Praga, Londres… dejándonos una profunda sensación existencial en cada página. Trompetero –que también le dio un vuelco a su cine, a su óptica, a sus letras– nos entrega en este libro una pieza increíble que con facilidad puede ser llevada a la pantalla grande.

Los monólogos son viscerales, llenos de verdad, de delirio, hechos desde las tripas de un personaje sin nombre, rodeado de personas de las que solo reconocemos sus iniciales, creaciones de una mente febril, una poderosa lucha contra el silencio, ese al que tanto le tememos. Cuando hablamos de soledad y el miedo que genera, casi siempre pensamos en el silencio, en que nadie nos escuche, en que nadie se preocupe por las palabras que salen de nosotros, de perdernos tres días en algún lugar y pensar que nos están buscando por cielo y tierra y enterarnos de que no es así, de que no le importamos a nadie.

Es necesario leer libros como estos para olvidarnos de quiénes somos, para ver la vida desde la otra orilla, recibir golpes de realidad, convulsionar con el vaho de un cuerpo ajeno y manejar el jet lag de un eterno viaje, uno hecho en forma de Espiral.

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